Emprender es una cosa de (t)

Vendí mi empresa en internet el 2011 a la brasilera Peixe Urbano.

Desde entonces he sido muy poco metódico y por lo general sólo he tenido fracasos.

Hasta este año.

Que empecé a fracasar con método.

La semana pasada almorcé con unos amigos que trabajan en EEUU y mientras me duchaba pensaba: “chucha hace como un año que vi a Gastón, y no he hecho nada muy interesante desde entonces. No tengo ni una hueá pa’contarle”. De hecho lo dije así y todos se rieron.

Estoy en eso. Volviendo a intentar armar otro emprendimiento, pero esta vez con método.

En clases le digo a los alumnos que sea lo que sea en lo que emprendan, en dos años, algo, alguna hueá les tiene que resultar, porque son capos, están acostumbrados a sufrir y se han esforzado para estar donde están.

(Hago un electivo hace cinco años en Ingeniería de la Universidad de Chile que se llama Emprendimiento en Negocios Digitales. Cada año digo que será el último, pero ahí sigo. Es un buen ramo, encuentro. El primer año un alumno escribió en la evaluación docente: “El profesor se cree Steve Jobs y lo único que hizo fue copiar un negocio de EEUU”. Pero también, otros han escrito: “es el mejor ramo que he hecho en la universidad”).

Después de leer harto, mirar mucho y hacer aún más, creo haber dado con un buen método, que explico aquí en seis puntos, o siete si se me ocurre algo más.

Primero: hacer cosas que te gustan con gente que te gusta

Cuando se trata de decidir qué hacer en la vida a muchos nos cuesta saber qué nos gusta, y quizá nunca lo sabemos o somos muy cambiantes.

Pero la gente, la gente por lo general nos gusta o no, de inmediato. Así que partiría por ahí.

Emprender solo es difícil, y a menos que seas como Marcelo Ríos o Marcelo Salas (los más grandes de Chile) lo que hay que hacer es buscar un partner.

No. No puede ser tu mejor amigo.

Yo lo he hecho dos veces, y en ambas ocasiones llegué a un punto en que tuve que decidir entre la empresa y mi amigo. La primera vez (2008) elegí el negocio y mi amigo nunca más me habló.

La segunda vez (2013, lección aprendida) opté por la amistad y es mi gran amigo hasta el día de hoy, aún cuando a veces recuerdo el negocio y me da algo de lata.

La única vez que me resultó algo fue con Jean, con quien no tengo muy claro si somos amigos o no. Hoy estuvo de cumpleaños y lo saludé por whatsapp no más, pero no creo que le importe mucho en realidad.

Lo admiro, confío en él y nos complementamos muy bien (si supiera hablar en público y sonreír no me necesitaría yo creo). Es un capo.

La clave está en que tu socio te guste y que sepa y haga cosas que tú no. En mi caso si íbamos a hacer algo en internet, que al menos uno de los dos sea secopara programar (él). Si hubiéramos hecho un restaurant, que alguno de los dos fuera chef. Si el negocio era poner un taller mecánico que alguno… ya, se entendió.

Creo mucho en que el equipo es más importante que la idea (hasta hace poco creía que era definitivamente lo más importante. Cambié de parecer y ahora pienso que lo más importante es el timing pero eso lo explicaré más adelante).

Si mi mamá me expusiera una gran idea de negocio, con el mejor de los powerpoint, jamás invertiría en ella, porque siendo ella una madre excepcional, para los negocios…

En cambio, si Marcelo Salas me hablara de un negocio que no entiendo muy bien, probablemente le diría como en el meme: “shut up and take my money”.

El ya clásico libro de Jim Collins, Good to Great, lo expone muy bien en su capítulo “First who… then What” y bueno, es lo que piensa mucha gente. No sé si es muy original hoy en día, y sin embargo es algo que mucha gente no valora como corresponde.

http://librosparaamigos.tumblr.com/tagged/Good-to-great

Elegir un socio es como casarse.

Tienes que confiar en él, estar consciente que se puede ir con otro, y que van a pasar por momentos increíbles y otros terribles. No sé si pueda decir mucho más porque nunca me he casado.

Este año (tras una separación muy suave, pronto volveremos) estoy con dos nuevos socios.

Omar y Andrés son significativamente más inteligentes que yo. Uno recibió el premio al mejor ingeniero de toda su generación en la U de Chile y el otro recibió el mismo premio el año siguiente. Así que -con justa razón- me suelo presentar como el tonto del equipo.

Ha sido entretenido y me ha servido para ponerme presión y trabajar mejor. El CEO de Airbnb dijo una vez que admiraba tremendamente a sus socios y se sentía afortunado de trabajar con ellos.

Pues supongo que la idea es ésa. Que te sientas así. Lo mismo que un amigo me dijo que sintió cuando empezó su doctorado en Harvard y que allá llaman “síndrome del impostor”.

Segundo: Qué.

Equipo OK. Ahora ¿qué?

Los chicos de getonbrd.cl tienen una anti-charla en la que uno de los puntos contraintuitivos es: no tienes porqué hacer algo que te apasione.

Eso hace más fáciles las cosas.

Si no sabes qué, veamos cómo decidirlo.

Me gusta la idea de cómo lo hicieron el día cero el fundador de Compara Online y los fundadores (mis amigos) de Dentalink.

Se pusieron camisa (jajaja) y se sentaron en una mesa. Al primero, su tío le prestó una oficinita chica. A los otros se les ocurrió que tenían que arrendar una, antes incluso de saber qué harían (creo que partir gastando en oficina es mala idea. Pero qué más da. Cada uno con su estilo).

Ambas ideas son foooomes para mí.

Venta de seguros, software dental.

Y sin embargo, después de 5 años están entre los mejores emprendedores de Chile (otro ejemplo de que es más importante quienes que qué).

El 1 de octubre (2015) armamos una lista con todas las cosas que nos gustaban/tincaban. Y Andrés, más inteligente, las puso en una matriz de 2×2 según el tamaño de mercado y la cantidad de dinero a cobrar.

Se vio clarito qué ideas eran malas-malas (las del cuadrante: pocos clientes, poca plata).

Para decidirnos por una, nos apoyamos en dos ideas que nos hacían sentido.

“Hay que mirar qué cosas vienen haciéndose igual por años y reinventar la forma de hacerla dadas las nuevas herramientas y mercados”. Andrés lo había escuchado en una charla de un cofundador de Twitter.

“La gente más brillante ya está compitiendo en el mundo online. Hay que apuntar al mundo offline que está lleno de oportunidades”. Me la dijo un amigo. Creo que es de Robert Kiyosaki.

Las dos se parecen, y nos pareció una buena oportunidad o ventaja competitiva tener un equipo de 3 hueones (2 brillantes) pensando en soluciones para un rubro poco sexy.

Así que con esto en mente, decidimos hacer un negocio de cajas de cartón.

Sí.

Un emprendimiento que venda cajas de cartón de diseño top, personalizadas con logo. Para ecommerces, negocios de suscripción o quienquiera que necesite una caja con su logo, bonita, bien hecha.

Jajajaja, la idea mala CTM.

Pero miren, déjenme intentar convencerlos.

La industria de las cajas es como las huevas. Pon “cajas de cartón” en Google y llama a alguna de las empresas para intentar hacer un pedido. Te tratan pésimo. Les pides orientación porque no entiendes qué es microcorrugado, matriz, placado y te dicen “llámeme cuando sepa qué tipo de caja quiere exactamente”. Y te cortan.

Llamamos a todas las empresas que hacían publicidad con google adwords y rápidamente comprobamos que si no les mandas a hacer 1000 cajas no les interesas como negocio.

Las empresas a las que llamé haciéndome pasar por cliente.

En pocos minutos encontramos dos problemas que podíamos solucionar: la coordinación previa y el tamaño del pedido.

En Chile, si quieres 30 cajas personalizadas bien hechas no sólo debes pasar por un proceso desagradable sino que difícilmente encuentres a alguien que te las haga. Sólo te queda probar suerte yendo a calle San Diego que de hecho fue lo que hicimos para conocer bien el mercado en el que nos estábamos metiendo.

Así que eso es lo que íbamos a hacer.

Te metes a nuestro sitio, seleccionas el tipo de caja, uplodeas tu logo, eliges el color, la cantidad y nosotros te las despachamos en 10 días.

Si lo piensan, se parece al negocio de diseño de poleras que en Chile hace la gente de mangacorta.cl, sólo que en este caso al tratarse de cajas y no de poleras, el volumen sería significativamente mayor.

Como último argumento que usamos para convencer a nuestros amigos a estas alturas incrédulos y asustados: En EEUU hay una empresa incubada por Y-Combinator que lo está haciendo y al parecer le va la raja.

Por supuesto que no me apasionaba hacer cajas, pero me daba risa que los tres estuviéramos de acuerdo. Era disruptivo/provocador, pero más que eso, era chistoso y queríamos probar.

Yo quería hacer lo que fuera, mientras el equipo fuera top.

Y tenía también un objetivo personal: conocer a Andrés, porque Omar me lo había presentado dos semanas antes y yo ya me estaba arriesgando a emprender con él (pésima idea pero yo tuve suerte, “no hagan esto en sus casas”).

Nos pusimos un nombre rápido. Tras algunas opciones propuse jajakaja.com, aún cuando me cargan los nombres con k. También estaba disponible jajacaja.com que era menos feo (¿se percibe el mensaje subliminal de la cajita feliz?) pero lo que me gustaba del nombre con k era que cuando me río en whatsapp se me suele arrancar una k en vez de j, entonces podía ser un buen recordatorio de marca cuando alguien se riera jajakaja en un chat.

A Andrés y Omar les gustó más jajakaja.com y bueno, para qué discutir y esforzarse mucho en el nombre de un negocio que recién estábamos probando. Podíamos cambiarle el nombre más adelante si queríamos y a nadie le importaría mucho (el grupo de rock Los Tres, primero se llamó Dick Stones). No es tan grave.

Manos a la obra.

Foto que nos envió Andrés por mail después del almuerzo en que tomamos la decisión.

Tercero: full time ¿o no?

Siempre he predicado que hay que dedicarse full time. Que los emprendedores part time no sirven. De hecho, parece que es un argumento común entre los inversonistas “si ni tú crees en tu negocio como para estar full time en él, cómo pretendes convencernos a nosotros de invertir”.

Y sin embargo, tipos como David Heinemeier que cofundó Basecamp y creó Ruby on Rails (sí, por el lado, el hueón creó el framework probablemente más usado en el mundo), dicen que no hay porqué renunciar a tu trabajo y que perfectamente se puede hacer en tu tiempo libre. 10 horas a la semana. Seguro porque él es un fuera de serie, pero bueno, no sé, la gente de getonbrd.cl piensan y hacen lo mismo. Tienen sus trabajos full time y en paralelo tienen Getonbrd.

Como quieran.

Andrés y yo nos dedicaríamos full time. Omar después del trabajo. No me hice mayor problema y me serviría como validación experimental de la teoría.

Eso sí, todos los lunes almorzaríamos juntos y el miércoles 7 pm tendríamos una reu por skype. Aunque no hubiese NADA de lo que hablar, aunque nos hubiéramos visto el día antes, las reuniones no se cancelarían. Fue algo muy bueno, porque incluso sin pendientes, sirvió para que aparecieran nuevos temas e ideas. Y todos nos sentíamos con la obligación de llegar con algo nuevo a la reunión.

Cuarto: dos meses máximo.

Me ha tocado ser mentor de hartos emprendimientos, o jurado u opinólogo. Y por lo general la pregunta que intento siempre hacerle al emprendedor con la mejor de las intenciones es: “¿cuándo vas a cerrar tu emprendimiento?”

Nunca me entienden a la primera, y tengo que repetir: “¿cuándo vas a bajar la cortina?, ¿en qué momento te vas a rendir?”.

Nunca me la han respondido con claridad.

Es una pregunta que muy pocos se hacen a pesar de su relevancia y en que el riesgo es perder el activo más importante que tienes: tu tiempo.

Una de las mejores alumnas que he tenido en estos cinco años siguió con su emprendimiento más allá del semestre académico. Le ofrecí mi ayuda y nos juntábamos una vez al mes o algo así, a pesar de dejarle en claro que creía que iba a fracasar.

No le veía mucho futuro a su negocio y sin embargo sabía que en cualquier momento podía pivotear y entonces ella sería capaz de aprovechar esa oportunidad.

Tampoco es que sea muy capo pa’ cachar negocios. Cuando el CTO de Uber me habló de Uber el 2010 le dije que no me parecía muy buena idea. Jajajaja. CTM. Qué guatazo!

Lo que me preocupa es el tiempo.

Algunas veces pasa que te ganas un fondo, y después otro, y otro, pasan meses y todavía no has validado si hay gente dispuesta a pagar por tu producto/servicio.

Con excepciones (todo, absolutamente todo lo que digo tiene excepciones y puede estar errado, excepto que Marcelo Ríos y Marcelos Salas son lo más grande en Chile), lo recomendable es buscar el market fit lo más rápido posible. Es decir, ver si tienes clientes o no. Clientes con disposición a pagar.

Puedo tener la vacuna contra la malaria, pero les aseguro que si la voy a vender a Coyhaique quebraré en poco tiempo.

Y si no estás de acuerdo con esto, “entonces ten por lo menos 500.000 usuarios recurrentes”. Eso fue lo que me dijeron cuando fui a un Techcrunch Disrupt en San Francisco el 2011. Pagué un palo y medio por tener un stand con el que era mi emprendimiento en ese momento.

Sea como sea, es importante tener una fecha límite con hitos claros en mente. ¿Cuándo y en qué condiciones me rindo?

El narcotraficante Pablo Escobar -dicen que- dijo: “Si de aquí a 5 años yo no tengo un millón en mi bolsillo, me pego un tiro”.

Cinco años es harto tiempo. El abuelo de una amiga, un japonés con toda la pinta de sabio, me dijo: dos años.

Estoy de acuerdo. Dos años es excelente. De hecho se lo copié y es lo que digo en clases.

Pero dos años intentando muchas cosas. Para un emprendimiento en particular dos años es excesivo. Costoso.

Dos meses.

Ése es el tiempo.

Cuando lo leí, dije ni cagando. Es muy poco. En dos meses no haces nada. Pero después pensé: si en dos meses, dedicado full time, con todas tus energías y talento, no logras conseguir algún hito, entonces quizá no sea mala idea buscar una cosa mejor.

Esos hitos pueden ser: plata (aunque sea un poquito), clientes o interés. Esto es algo que leí de James Altucher (pregunta 68: when should I give up on my idea?).

Así que eso le propuse a mis socios. “En dos meses generamos un par de millones de pesos o cerramos y seguimos con la siguiente idea de la lista”.

No busco ser rentable en dos meses, ni conseguir un (gran) sueldo o tener el millón de Pablo Escobar. Me basta con conseguir un flujo, ojalá recurrente, que yo sea capaz de convencer y convencerme que crecerá con el tiempo.

Por cierto, es mucho más fácil conseguir inversión diciendo: “Hoy generamos esto, es poco pero es real. Veánlo como un chorrito de agua. Invirtiendo equis cantidad de dinero, debiéramos llegar a esto. Es cosa de abrir la llave del agua”.

Quinto: lo más importante es el timing.

Por mucho tiempo creí que lo más importante era el equipo.

Pero también pensaba que la mitad o más era suerte. 50% esfuerzo y 50% estar ahí para que la suerte te tocara.

Pero no, el concepto en el que ahora creo (una ventaja de ser ateo es que no me aferro a nada, ni siquiera a ser ateo), es en el que expone Bill Gross como la única gran razón por la que las empresas triunfan: el timing.

A principios de 2010, antes de partir con mi negocio, en Chile no había más de 20 personas que sabían lo que era un sitio de descuentos.

Estaba a punto de lanzarme con un amigo, cuando nos enteramos que otros tipos (mucho más experimentados que nosotros), lanzarían en menos de un mes el primer sitio de descuentos de Chile.

Nos rendimos inmediatamente. Mi amigo porque según él: “el mercado no tiene espacio para más que 1 player”.

Yo, porque los encontraba más capos que yo y punto. Pensé hasta en escribirles y decirles que creía mucho en el negocio y que me quería sumar, pero no lo hice.

Además, recién llevaba un mes en mi nuevo trabajo y en 4 más sería el mundial de fútbol en Sudáfrica al que Chile clasificaba después de 12 años. Y yo, fan del fútbol, le había dicho a toda la prensa en Chile que arrendaría un avión para ir a Sudáfrica y que buscaba 240 personas que se quisieran sumar. La historia de cómo conseguí el avión partiendo desde cero, las conversaciones que tuve con auspiciadores, las reuniones con los hinchas y tantas cosas más, dan para un post entero.

Lo importante ahora es que la idea del avión es otro buen ejemplo de timing. Fui la cuña recurrente de los periodistas. Aparecí en todos los diarios y canales de TV de Chile… dos veces. Con despachos en vivo, reportajes de varios minutos y hasta un contrato para hacer un reality.

La idea era maravillosa (la que más me ha gustado en mi vida yo creo). El equipo era muy bueno. Pero lo mejor fue el timing.

Mi socio Francisco y yo, con Matías del Río en Última Mirada hablando de ArrendemosunavionaSudafrica.cl.

Así y todo fracasamos.

Fui a Sudáfrica igual. La gente se reía a la salida de los estadios y me gritaban “el avión!, el avión!”, como Tatú, el personaje de la serie ochentera La Isla de la Fantasía, jeje.

Estando allá, Jean, a quien le había contado la idea después de rendirme, me manda un SMS diciendo: “en Chile acaban de vender la empresa de descuentos a Groupon, cuando vuelvas intentémoslo igual”.

Volví del Mundial y nos lanzamos.

Después de nosotros, los meses y años siguientes, literalmente decenas de sitios chilenos lo intentaron y fracasaron. Siempre creí que nosotros supimos y pudimos agarrar la ola en el último segundo en que valió la pena. En el timing crítico.

Después la ola reventó y barrió con los otros surfistas, mientras el CPC en adwords y otras cosas se disparaban.

Un año después nos compró Peixe Urbano, principalmente porque en ese minuto ellos estaban de compras por Latam y supe aparecer en el momento justo.

Bendito timing.

Adhiero totalmente a la idea del timing. Desde la experiencia. Sin restarme méritos pero reconociendo su importancia fundamental.

Sé que también hay que esforzarse, que la cosa no es tan sencilla ni facilista, pero qué sentido tiene esforzarse tanto por algo con tan pocas probabilidades si puedes encontrar alternativas en que eso ya está dado. Es más gratificante trabajar duro por algo que tiene un futuro más claro. Un factor menos. Más aún si no sabes qué quieres en un mundo con tantas posibilidades. Probablemente la gente apasionada y con objetivos claros, pueda pasar por alto el timing y aguantar. Pero para el resto de nosotros, los mortales inseguros, creo que el timing es fundamental.

Por eso no tenía ni tengo mayor problema en probar dos meses un emprendimiento de cajas de cartón, esperando a que el timing demuestre si hay o no una oportunidad ahí.

Prefiero hacer cajas con timing, que Twitter después de Twitter.

Sexto: primero vende, con descaro.

Primero, sale a vender.

Si nadie te compra, yastá. Ponte a vender otra cosa 🙂

Así hasta que alguien te compre.

Y cuando alguien te compre, anda corriendo a hacer lo que prometiste que hacías.

Tengo varios amigos detractores de esta idea, en especial los más talentosos. Y los entiendo. Pero esto no es una regla absoluta. Es sólo una propuesta.

Tengo amigos que han desarrollado aplicaciones web excelentes, con cero clientes. Cero ingresos después de más de 1 año de desarrollo. Lo que tampoco está mal, porque es bueno crear un producto sin preocuparte tanto de los ingresos. Si algo es valioso, la gente lo usará y bueno, la plata de algún modo llegará.

Sin embargo, no creo que un poco de tanteo previo sea necesariamente inconveniente.

Más aún si en un país como Chile es tan sencillo aparecer en los diarios más famosos y prestigiosos.

Todas las semanas leo noticias sobre emprendimientos sin mucha sustancia, que por lo general los fundadores postean en sus muros de facebook para que sus amigos les digan lo secos que son.

Incluidos nosotros. Salimos en emol.com sólo con nuestra idea. Cantidad de horas de desarrollo: cero.

No existía. No era nada.

No culpo a los periodistas, porque ellos tienen que rendir mucho en poco tiempo y confían en la buena fe e integridad de los interesados en aparecer en el diario.

En nuestro caso, bastó con que la idea fuera atractiva, el slogan muy bueno, y que Tinder no existiera todavía.

Pienso que estábamos muy bien en el timing (por fin había inventado un nombre bueno según yo) y hasta Mashable nos hizo una nota. El fracaso se debió a que fallaron otras cosas. Y bueno. Mi amigo es mi amigo hasta el día de hoy.

El punto es que con esta noticia vimos que sí había interés y en cierta forma estábamos vendiendo (validando) antes de tener lo que decíamos tener.

Ese mismo descaro fue el que tuvimos el 2011 cuando vendimos nuestra empresa a Peixe Urbano.

Aparecieron en el mercado algunas empresas extranjeras y mi socio me decía que las llamara y me vendiera, pero a mí me daba vergüenza. Además, había escuchado en una charla que uno tenía que hacerse de rogar de la forma en que Bill Gates lo hizo o algo así. Así que confiamos en que nos contactarían para comprarnos.

Nunca nos llamaron y se instalaron sin interesarse por nosotros ni necesitarnos.

Por eso el día que me enteré que en Brasil existía Peixe Urbano dije, “ya, es la única grande que no ha llegado a Chile. Los voy a contactar cara de raja”.Después de unos meses y adrenalina, vendimos. Espero escribir sobre eso un día.

Volviendo al 2015, al negocio de las cajas, lo primero iba a ser intentar venderlas y después aprender a hacerlas. No tenía sentido comprar máquinas, aprender técnicas y materiales, o contratar gente si resulta que antes no éramos capaces de vender una caja.

Primero veríamos el interés, y eso lo íbamos a medir en cantidad de cotizaciones. Si llegábamos al caso en que alguien nos pagara, correríamos en círculos para luego ir a hacerla con terceros, aunque perdiéramos plata. Lo importante era hacer el experimento.

Para eso decidimos visitar un par de empresas entre las que habíamos contactado, y así aprender un poco sobre el proceso y entender cuánto tendríamos que cobrar.

“Nosotros rechazamos muchos pedidos al día, en especial cuando nos piden muy pocas cajas”, “nos llaman los clientes y ni saben lo que quieren”, “es un buen negocio”.

Una de nuestras visitas a proveedores.

No sólo no íbamos a hacer las cajas nosotros aún, sino que tampoco íbamos a hacer ningún desarrollo web. Se aprende muy rápido que el recurso desarrollador web es muy valioso y debe ser justificado. Y alternativas gratuitas siempre hay. Nosotros usamos una de las miles de herramientas en internet para hacer landing y optamos por Instapage.

En un par de horas logras esta “maravilla”.

También decidimos que sólo tendríamos 4 tamaños de cajas. Dar más opciones complicaba demasiado la logística.

Si el cliente quería un tamaño que no teníamos: cagó.

Si el cliente nos pedía una rebaja: cagó.

Dedicarnos a hacer cajas no era nuestro mayor anhelo en la vida así que no íbamos a hacer mucho esfuerzo por sobrevivir. O las cajas eran un buen negocio así como lo presentábamos o nos dedicábamos a otra cosa.

Finalmente, decidimos gastar un poco de plata en adwords, para atraer potenciales clientes.

Pantallazo de lo que gastamos en adwords.

Y las cotizaciones empezaron a llegar!

Hasta 4 ó 5 al día. Con un CPC de $100. Súper decente. (CPC: costo por clic. Es decir cada vez que un cliente hacía clic en nuestra publicación en Google, se nos descontaban $100 del presupuesto diario de $4.000. Todos estos valores son ajustables por el usuario).

Con las primeras tres cotizaciones nos pusimos nerviosos de cómo contestar los mails. Hasta el momento, en cierta forma, todo era una gran farsa, y esto era lo primero real que ocurría. Gente real que quería nuestro servicio.

Ése fue un momento de iluminación. “Así que de esto se trata”. Tanta teoría para sentir lo que realmente importaba.

Estábamos muy contentos.

Algunas cotizaciones.

Yo le decía a mis socios que creía más en la regla del 2% que en la teoría de la energía oscura. Es una tontera, pero cuando necesito estimar un porcentaje de conversión siempre digo 2%.

Cuanto trabajé en Oracle solían decir que 1 de 9 negociaciones cerraba en venta. Pero yo prefiero el 2%. Más pesimista, más realista.

Entonces con 50 cotizaciones íbamos a tener al menos 1 venta, seguro.

Después de algunas semanas llegamos a sesenta y cuatro cotizaciones!

¿Y cuántas ventas?

Cero.

Se cumplió el plazo de dos meses y llegó el momento de contrastar los resultados con el hito que nos habíamos propuesto.

Nos resultó evidente que jajakaja.com tenía que morir. Podíamos esforzarnos por conseguir más cotizaciones, gastar más en adwords, conseguir una inversión para comprar máquinas y así bajar significativamente los costos.

O podíamos revisar nuestra lista de ideas y seguir con la siguiente.

No estábamos tristes.

Aprendimos. Nos conocimos. Nos gustamos. La siguiente idea que empezamos este mes, nos motiva más y nuestros amigos que se habían preocupado porque nos estábamos dedicando a hacer cajas, ahora se aliviaron porque la nueva idea sí les gusta.

Y quizá lo más importante para mí, todo pasó en sólo 2 meses.

— Oye, qué hartas cosa para tan poco tiempo Pedro -me dijo Gastón, mi amigo que trabaja en EEUU y con el que almorzaba después de un año sin vernos.

LINK ORIGINAL: https://medium.com/@son15caracteres/emprender-es-una-cosa-de-t-105f463fb60e#.levuawrtz

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